Mariano Barbacid: el hijo de un zapatero que se convirtió en químico y logró eliminar el cáncer de páncreas en ratones

En la década de 1950, Mariano Barbacid, quien hoy tiene 76 años, era tan solo un niño curioso de una familia modesta de España.
Años después, se había recibido de químico y trabajaba en prestigiosas instituciones médicas de los Estados Unidos.
Por si fuera poco, más tarde, uno de sus logros lo convertiría en una persona aún más destacada en su ámbito. Finalmente, hace menos de tres meses, saltó a la fama mundial, debido a un descubrimiento que podría transformar la humanidad.
De Chamberí a los Estados Unidos: los primeros años de carrera de Barbacid
Mariano Barbacid nació en 1949 en Madrid, como hijo único de padres humildes. De acuerdo con lo informado por distintos medios españoles, pasó su infancia en el barrio de Chamberí, donde su papá trabajaba como zapatero.
Se lo recuerda como un niño entusiasta, al que le encantaba aprender y difundir el conocimiento adquirido. Según ha contado él mismo, esta característica se le despertó gracias a la mamá de uno de sus amigos, quien era profesora y comenzó a darle clases particulares cuando tenía alrededor de 10 años.
Barbacid se convirtió en un niño muy curioso gracias al impulso de una profesora. Foto: barbacid.esLa mujer le dictaba enseñanzas de Matemáticas, Física y Química, pero, al percatarse de la facilidad para aprender que tenía Barbacid, empezó a explicarle temas más complejos, que no tenían que ver con el plan de estudio escolar.
“Seguramente, yo entendería bien poco de todo aquello, ¡era un niño! Pero me sentía fascinado. Aquella mujer, Carmen, que tenía 8 o 9 hijos y un marido marino ausente en casa, generó en mí la vocación por descubrir cosas que no se conocían. Me empujó hacia la carrera científica”, explicó a La Vanguardia.
Egresado del secundario, e impulsado por su familia, que deseaba que estudiara, Barbacid se anotó en la licenciatura de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid. Para 1974, no sólo se había recibido, sino que también había completado un doctorado en Bioquímica.
Tras ello, gracias a su desempeño académico, consiguió una beca para realizar una estancia postdoctoral en el Instituto Nacional del Cáncer (NCI, por su sigla en inglés) de los Estados Unidos.
Allí, luego de cuatro años, creó su propio grupo de investigación, interesado en el estudio de la biología molecular de los virus causantes de sarcomas (una variedad de cáncer).
Ya a fines de los 70, se sabía que algunos virus podían provocar cáncer porque portaban oncogenes, es decir, genes “defectuosos” capaces de inducir una proliferación celular descontrolada.
Barbacid planteó entonces la posibilidad de que los tumores humanos pudieran contener oncogenes sin necesidad de la intervención de un virus.
Para comprobarlo, en 1982, a sus 31 años, logró aislar y clonar un gen presente en células tumorales humanas, que tenía la capacidad de provocar cáncer. Meses más tarde lo identificó como un alelo mutado del proto-oncogén H-ras, un gen normal del organismo.
Así, el científico español demostró que el gen cancerígeno no era algo externo, sino una versión alterada de un gen humano preexistente. Es decir, evidenció que el cáncer humano puede originarse por mutaciones en genes propios.
Es más: el hallazgo de Barbacid reveló que, más allá de que los virus pueden iniciar o favorecer el proceso, el cáncer siempre termina implicando mutaciones en genes humanos.
Barbacid logró clonar un gen presente en células tumorales humanas. Foto: Wikimedia Commons (Certo Xornal)Este descubrimiento abrió un campo totalmente nuevo en la oncología y proporcionó la primera evidencia para el establecimiento de las bases moleculares del cáncer en personas.
En lo personal, a Barbacid le significó el reconocimiento del mundo científico y, en consecuencia, le abrió el camino a una carrera profesional aún más exitosa.
En 1984, asumió como director de la Sección de Oncología y Desarrollo del Programa de Investigación Básica del Centro de Investigación del Cáncer de Frederick (FCRF, por su sigla en inglés), que pertenece al NCI, mientras que en 1988 se incorporó al Instituto de Investigaciones Farmacéuticas de Bristol-Myers Squibb, donde fue nombrado a cargo del Departamento de Biología Molecular.
Trabajando para la compañía farmacéutica, fue parte del grupo que descubrió que las proteínas Trk, que pueden encontrarse en las neuronas, son las receptoras de las neurotrofinas, moléculas clave para la supervivencia y el crecimiento neuronal.
Hasta ese momento, gracias a una investigación de principios de los 80, se sabía que el gen TRK (que contiene la información para fabricar la proteína Trk) había aparecido en un tumor, pero no se entendía bien cuál era su función biológica normal.
Con el hallazgo de Barbacid, que reveló que estas proteínas regulan las neurotrofinas, y por ende la reproducción neuronal, se demostró que una deformación de Trk puede causar crecimiento descontrolado de las neuronas, y, eventualmente, cáncer. Esto responde a que, en su versión alterada, el receptor no para de trabajar, y envía a las neuronas señales de crecimiento, aunque no haya neurotrofinas.
En los años posteriores, efectivamente, se identificaron alteraciones del receptor Trk en distintos tipos de cáncer.
A mediados de la década de 1990 y desde el FCRF, finalmente, el químico español empezó una búsqueda que continúa hasta hoy: la forma de curar el cáncer. De 1995 a 1997, puso en práctica un programa para el descubrimiento de fármacos que puedan actuar contra aquellos elementos del cuerpo humano potencialmente causantes de tumores, como la farnesiltransferasa.
Ya entonces era bastante famoso, y había recibido prestigiosos premios, como el Rhodes Memorial Award, por sus contribuciones al entendimiento del cáncer.
En 2011, Barbacid mantuvo un enfrentamiento con el Gobierno español. Foto: Wikimedia Commons (MAT.MHACCV)Antes de que finalice el siglo XXI, no obstante, tomó la decisión de seguir con la tarea en su ciudad natal —Madrid—, adonde regresó para crear y dirigir el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
En menos de 10 años, este organismo público se convirtió en uno de los principales centros de investigación oncológica del mundo. Sin embargo, en 2011, Barbacid se enfrentó al Gobierno español, tras renunciar a seguir con una nueva línea de investigación del cáncer de pulmón por “no disponer de más fondos públicos”.
En particular, el químico se molestó con el Ministerio de Ciencia, del cual depende el CNIO y que entonces conducía Cristina Garmendia, porque le imponía severas auditorías a sus gastos y a sus contratos con empresas privadas.
Tras ello, en mayo de aquel año, renunció a la dirección del CNIO, aunque aclaró que se mantendría como jefe del Grupo de Oncología Experimental del Centro, otro de los cargos que ostentaba. “Dejo una parte por decisión de la ministra, pero la otra no, soy un investigador”, dijo Barbacid en una conferencia de prensa.
No era la primera vez que el madrileño se quejaba públicamente de las limitaciones y las trabas que el sistema de salud de España le presentaba. Sin embargo, ya había llegado muy lejos, por lo que decidió seguir adelante. Y vaya que la decisión valió la pena, pues, años después, lograría alcanzar el mayor descubrimiento de su vida.
El hallazgo que ilusiona a la humanidad: “Nos da la oportunidad de avanzar hacia una terapia que pueda ser aplicada a pacientes”
Tras más de una década de estudio, el Grupo de Oncología que conduce Barbacid realizó un descubrimiento tan histórico como prometedor.
Después de tantos años de perseguir la cura para el cáncer, el químico español logró un avance sustancial: eliminar un tipo de tumor en ratones.
El Grupo de Oncología DEL CNIO que logró eliminar el cáncer de páncreas en ratones. Foto: CNIOLos resultados del hallazgo fueron presentados en diciembre de 2025, en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Allí se explica que, para probar su terapia, los expertos del Grupo extrajeron fragmentos de tumor adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC, por su sigla en inglés), el más común de los tipos de cáncer de páncreas, a 6 pacientes humanos. Tras ello, los colocaron en 18 ratones.
Luego, el equipo de Barbacid utilizó estos animales para probar su novedosa combinación de fármacos, que esperaban que eliminara el cáncer. La mezcla incluyó los ya conocidos afatinib y daraxonrasib, pero sumó a estos el compuesto experimental SD36.
Los científicos aplicaron la dosis a cada uno de los ratones y, dentro de un plazo de 120 días posteriores, se produjo un hecho inédito: en 16 de los roedores, los tumores PDAC desaparecieron por completo.
La efectividad de la terapia se debió a que logró inhibir KRAS, un oncogén cuya mutación está presente en la mayoría de los cánceres de páncreas.
Hasta ahora, los inhibidores de las mutaciones de KRAS, como daraxonrasib, habían mejorado significativamente la supervivencia en comparación con datos históricos. Sin embargo, como el PDAC es uno de los tipos de cáncer más tolerantes al tratamiento, la rápida aparición de resistencia tumoral anulaba el beneficio terapéutico del fármaco.
La combinación del Grupo de Barbacid, al atacar el cáncer simultáneamente desde tres direcciones, evitó la resistencia del tumor.
Además, el estudio reveló que los ratones toleraron bien el tratamiento, con efectos secundarios mínimos, sin sufrir daño en sus tejidos u órganos, alteraciones en la sangre ni pérdida de peso.
Cuando el artículo del Grupo del CNIO tomó estado público, generó una repercusión mundial, sobre todo por la esperanza de que, a futuro, la terapia pueda ser aplicada a pacientes humanos. Sin embargo, el propio Barbacid se ocupó de calmar las expectativas.
En el programa televisivo Cuestión de prioridades, el científico sostuvo que el Grupo debe tomarse un tiempo para expandir la combinación de fármacos a otros tipos de cáncer y, luego, otro para prepararla específicamente para humanos.
“En primer lugar, […] tenemos que expandir los resultados a otras mutaciones, nosotros lo hemos hecho en una mutación específica del oncogén que inicia el cáncer de páncreas, que es el oncogén KRAS. Tenemos que expandirla (la terapia) a otras mutaciones, para ver hasta dónde llega, porque el cáncer, ni siquiera dentro del cáncer de páncreas, es único”, sostuvo respecto a lo primero.
Refiriéndose al uso en humanos, agregó: “Por otro lado, esto nos da la oportunidad de avanzar hacia el desarrollo de una terapia que pueda ser aplicada a pacientes. Esto es completamente distinto, se trata de mejorar los inhibidores que tenemos hasta ahora y generar moléculas que tengan mejores propiedades farmacológicas y, eventualmente, hacer estudios de toxicología”.
Durante la misma entrevista, el químico aclaró que, “con suerte”, estos procesos estarán listos en tres años. Además, explicó, para avanzar se precisan al menos 3 millones de euros.
Esto último, sin embargo, ya está resuelto: la fundación CRIS, que colabora con el CNIO desde hace seis años, logró recaudar donaciones por más de 3.500.000.
Como es lógico, no siempre las terapias aplicadas en animales resultan en personas, pero, aunque el propio Barbacid quiera poner paños fríos a la cuestión, sin dudas su reciente hallazgo representa una gran ilusión para la humanidad.
Fuente: www.clarin.com



